El verano de 1963 llega a su fin en Lareki. Marina siente, a sus dieciocho años, que su vida comienza a desmoronarse. La boda precipitada de su hermana Estrella y la jubilación de su padre le provocarán un gran desconcierto y la obsesión por huir. Marina siente que todos a su alrededor han encontrado su sitio y antes o después se marcharán; pero a ella le toca quedarse, como al protagonista de la película ¡Qué bello es vivir! La vida de Marina y su familia está condicionada por los acontecimientos que ocurrieron años atrás en la aldea gallega de Sayar. [...] «Todos éramos larekitarras, el gentilicio nos correspondía con pleno derecho, pero ser vasco, decía don Gabriel, ser vasco es otra cosa.» |